

El psicólogo clínico es un profesional de la salud que está capacitado para evaluar, diagnosticar y tratar los trastornos mentales.
En una relación de mutua colaboración, psicólogo y paciente trabajan en las sesiones de terapia para producir cambios que ayuden a mejorar la salud mental y el bienestar personal del paciente.
El psicólogo no prescribe fármacos, sino que guía al paciente o cliente en la comprensión del problema, en la adquisición de habilidades y estrategias de afrontamiento y en la modificación de conductas desadaptadas.
Con mayor frecuencia de la que sería deseable, se recurre a los fármacos para aliviar el sufrimiento emocional, incluso de forma automedicada. Los psicofármacos son adecuados cuando se recetan para algunos tipos de trastornos (depresión grave, esquizofrenia, trastornos de personalidad, trastornos del comportamiento alimentario, etc.), pero en la mayoría de los casos no son realmente necesarios ni sus efectos suelen ser duraderos.
Por eso el papel del psicólogo es tan importante. Si la persona tiene una gran motivación para el cambio -y si no la tiene, se trabajaría este aspecto, ya que es un requisito fundamental para que la terapia dé resultado-, hablar con un psicólogo o con una psicóloga le reportará una visión de la realidad renovada y el aprendizaje de unas destrezas que contribuirán a su recuperación y, en muchas ocasiones, al mantenimiento de la estabilidad emocional a lo largo del tiempo.


